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Argumento

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¿Qué dice el psicoanálisis del amor y la violencia?

La formulación de Freud de “El malestar en la cultura” señala lo imposible de la empresa de alcanzar la felicidad. La renuncia a la satisfacción pulsional es el precio de la inscripción en lo social para cada uno. El lazo, el malestar, la insatisfacción, la cultura, el síntoma y el goce, son inherentes a la condición humana y forman parte del malentendido que funda la subjetividad articulada al trauma del lenguaje. Las condiciones contemporáneas de fractura de lazo social evidencian en el padecer del individuo los efectos producidos por los discursos imperantes. Sin embargo, el psicoanálisis articula el malestar y los síntomas sosteniendo una posición ética y política desde el «no todo» relativo al sujeto del inconsciente que sostiene la praxis psicoanalítica.

Los discursos sobre homogeneización, felicidad, éxito y satisfacción inmediata coexisten con el aumento de la inseguridad, la violencia, la pobreza, el descontento social, entre otros. De este modo, los mandatos que proliferan son el consumismo, la medicalización, el furor curandis, la urgencia, los imperativos de goce sin límites, provocando un desconocimiento del otro que incide sobre la propia angustia, la destructividad y la segregación. ¿Serán éstos, efectos de la política capitalista sostenida en el necropoder del contexto mundial? En contraste con los efectos que se derivan de esta lógica es que el psicoanálisis propone otras opciones. Al dogma opone la herejía, a la repetición la invención, a la segregación la diferencia.

Lacan ya nos advertía que si bien el capitalismo avanza tan rápido que se muerde la cola, en nuestra época se evidencia lo dicho por Lacan en la conferencia pronunciada en el Hospital SainteAnne de París sobre los efectos del capitalismo en el discurso y el lazo social: “Lo que distingue al discurso del capitalismo es la Verwerfung, el rechazo hacia afuera de todos los campos de lo simbólico […] ¿El rechazo de qué? De la castración. Todo orden, todo discurso que se emparente con el capitalismo deja de lado, amigos míos, lo que llamaremos simplemente las cosas del amor.” Si seguimos a Lacan a la altura del seminario 20, dejar de lado las cosas del amor implica dejar de lado “el eje de todo lo instituido por la experiencia analítica”.

La rapidez con la que opera el mercado provoca una urgencia que caracteriza la vida cotidiana. Bajo el estatuto de que todo es posible, el discurso de la ciencia tiende a universalizarse y trae como consecuencia el recubrimiento del vacío estructural, trastocando la capacidad para hacerse preguntas frente a las pérdidas y el dolor pues se propone una respuesta homogénea frentre a cualquier situación que se coloca en el estatuto de traumática. En este operar se pretende borrar la diferencia que traen consigo las cosas del amor y al sostener la existencia de la relación sexual se promueve la violencia. Situación que conduce el paso de la palabra a la cosa, donde el tiempo para comprender queda de lado. La prisa elimina cualquier demora pareciendo borrar el espacio para inscribir en la fantasía, la memoria y el recuerdo, el trauma orginario. Desde éstas coordenadas el sujeto parece quedar fuera del carril del deseo, en el desamparo del acting que propone el goce sin límite. El analista por su parte, se ofrece como lector, ahí donde en la urgencia algo queda desleído.

Bajo este panorama podemos preguntarnos ¿es posible abordar el trauma como real imposible de acceder articulando el trauma que viene de la violencia que fractura los lazos sociales?, ¿el trauma trae un mensaje a descifrar articulado o bien revela la evidencia de que algo equívoca y es potencialmente articulable?, ¿qué puede inscribir en la urgencia el psicoanálisis desde su praxis?, ¿qué escucha, qué lee el analista del trauma en la urgencia?, ¿cómo trabajar desde la urgencia para dar lugar a la emergencia del sujeto?, ¿la fractura de los lazos sociales afecta los modos en los que se instaura la transferencia en un análisis?, ¿cómo sostener un análisis cuando las demandas que recibimos no van más allá de la urgencia por eliminar la angustia y responder al mandato de la felicidad?, ¿será que las coordenadas epocales nos convocan a replantear la posición ética y política del discurso psicoanalítico y de los psicoanalistas insertos en la polis?